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9.7.09

Crisuicidios (¿a qué nos conduce la actual crisis?)

Según un estudio publicado por la revista ‘The Lancet’, la crisis económica está provocando que aumenten el número de suicidios y asesinatos en los países afectados, mientras que se reducen los accidentes de tráfico. El paro es una de las causas principales de este incremento de muertes, por lo que es clave poner en marcha programas de formación y reinserción laboral que ayuden a mitigar los efectos adversos.
En la investigación se han examinado cómo las diferentes crisis económicas sucedidas en las últimas tres décadas han afectado a la mortalidad en veintiséis países de la Unión Europea.
El estudio difundido apoya empíricamente la tesis de que las dificultades económicas, y en particular el paro, guardan una relación directa con el incremento de los suicidios y los asesinatos. Así, por cada uno por ciento de aumento del desempleo en los países analizados, ascienden un 0,8 por ciento los suicidios entre menores de 65 años (entre 60 y 550 suicidios anuales más en el territorio), el mismo porcentaje que los asesinatos. A partir de su análisis, los expertos recomiendan a los Gobiernos que protejan a sus poblaciones, sobre todo invirtiendo para mantener a la gente en sus trabajos y ayudando a los parados a conseguir otros empleos.
Pero, ¿qué cabe esperar de la actual crisis financiera? Otro estudio elaborado hace un par de meses por varias universidades estadounidenses, analizaron el coste medio que conlleva para la economía de un determinado país el estallido de una crisis bancaria, a la luz de las experiencias pasadas más relevantes. El informe incluye la factura económica que se cobraron las últimas "cinco grandes" crisis financieras (big five), en referencia a España (1977), Noruega (1987), Finlandia (1991), Suecia (1991) y Japón (1992), junto al coste de la Gran Depresión de Estados Unidos en los años 30, la crisis asiática de los 90 y la debacle latinoamericana de los 80. A la vista de los datos, el precio a pagar no saldrá, precisamente, nada barato.
Tras una crisis bancaria, el colapso que sufren los activos suele ser profundo y prolongado. De media, el valor del mercado bursátil se desploma casi un 55,9 por ciento durante un promedio de 3,4 años, mientras que el precio de la vivienda cae un 35,5 por ciento desde sus valores máximos, al tiempo que la crisis inmobiliaria se extiende durante un promedio de seis años. Las crisis bancarias de Finlandia, Filipinas, Colombia y Hong Kong se saldaron con las mayores caídas del precio real de los inmuebles, entre un 50 y un 60 por ciento. Mientras, el colapso bancario que sufrió España en 1977 se tradujo en un descenso algo superior al 30 por ciento. No obstante, la peor parte se la lleva la bolsa. De media, el desplome se sitúa en el 55,9 por ciento, aunque en algunos casos la caída de los valores bursátiles fue mucho mayor. La crisis de Japón en los 90, la de Estados Unidos en el crack del 29 y la de España en el 77 se saldaron con descensos superiores al 60 por ciento. El mayor desplome hasta el momento ha sido el registrado por la bolsa de Islandia, cuya bolsa ha caído más de un 90 por ciento desde sus valores máximos, tras el colapso financiero sufrido en 2007, mientras que en el caso de Irlanda el descenso se aproxima al 60 por ciento.
En cuanto a la economía real, el estallido de una crisis bancaria se suele cobrar de media un aumento de 7 puntos porcentuales en la tasa de paro nacional, durante un promedio de 4,8 años. En este ámbito destaca sobre todo la Gran Depresión de Estados Unidos, cuya tasa de desempleo ascendió en más de 20 puntos porcentuales en menos de un lustro. La crisis laboral más larga ha sido, hasta el momento, la experimentada por Japón en la crisis de los 90, ya que la destrucción laboral, aunque escasa, se prolongó durante más de una década. En España, la última crisis bancaria se cobró un incremento porcentual del paro próximo al 14 por ciento, mientras que la destrucción laboral duró siete años.
Asimismo, las crisis bancarias se traducen en una contracción media del PIB (Producto Interior Bruto) del 9,3 por ciento, y una recesión de casi dos años. Nuevamente, la Gran Depresión encabeza el ranking, con una caída del PIB próxima al 30 por ciento durante cuatro años. Le sigue la crisis bancaria de Argentina, cuyo PIB cayó más de un 20 por ciento, en un promedio igualmente de cuatro años.
Finalmente, destacar el incremento sustancial que registra la deuda pública a raíz de una crisis bancaria. De media, aumenta un 86 por ciento en los tres años siguientes al estallido. En este caso, destaca la crisis bancaria de Colombia, cuya deuda pública se disparó casi un 170 por ciento a finales de los años 90. La deuda española se duplicó a raíz de la crisis de los 70. En este sentido, el informe destaca que el aumento de la deuda no deriva tanto del coste de las nacionalizaciones o intervenciones bancarias, sino más bien de las políticas de gasto público aplicadas por los gobiernos para combatir la recesión económica que suele acontecer tras el colpaso de la banca.
El problema es que las actual crisis financiera es a nivel global. Esto provocará más dificultades para un mayor número de países. De este modo, se prevé que las suspensiones de pagos (default) de las economías emergentes se disparen como consecuencia de la contracción de las exportaciones, la falta de financiación exterior y la huida masiva de capitales. Además, tanto el Fondo Monetario Internacional como la mayoría de expertos y organismos oficiales coinciden en que la economía del planeta se enfrenta a la peor crisis desde la temida Gran Depresión de Estados Unidos.
¿Cuándo finalizará la actual crisis se preguntan muchos y quizá deberíamos más preguntarnos a cuánto ascenderá la factura -desde lo económico a lo social- cuando pase?

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