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2.10.10

En el punto de mira: ¿trabajadores o esclavos?

Según informa The Independent, Adidas, Nike, Puma... están bajo sospecha, y eso que este tipo de compañías han cambiado su estrategia en las últimos tiempos, sobre todo desde que a mediados de los años 90 una fuerte corriente crítica con el tipo de prácticas laborales que llevaban alentó al boicot de los usuarios hacia ellas fomentándose entonces el uso de inspecciones sorpresas y nuevas condiciones que, a priori, deberían dignificar las condiciones de los trabajadores. No obstante, estas visitas sorpresa dejan datos poco alentadores y colocan en mal lugar tanto a las propias marcas como a las compañías subcontratadas al respecto.
Así, el último análisis de la compañía norteamericana Nike no le deja muy bien parada, ya que de 479 fábricas inspeccionadas el pasado año, 168 no cumplen las normas que Nike había impuesto, lo que significa que tienen “serios fallos en todo el sistema” o una “total indiferencia” por los códigos de conducta. Una de cada cinco no proporcionó los contratos, no tenía negociación colectiva, forzaba ocasionalmente a niños a trabajar o el personal trabajaba siete días a la semana sin descanso. Algunas factorías incluían a trabajadores penitenciarios, establecían relaciones de servidumbre u obligaban a sus trabajadoras a realizarse test de embarazos obligatorios para, en caso de no pasarlos despedirlas. Los salarios, además, no solían alcanzar los ya de por sí bajos mínimos que sugiere Nike.
Los datos de Puma, patrocinadora, entre otros, de Samuel Eto’o o Usain Bolt, no son mucho más alentadores. Una de cada cinco (75 de 362) hace dos años que no realiza auditorias. Algo más de la mitad burla las normas relacionadas con el número mínimo de horas de trabajo o del salario básico. Tres cuartas partes no manejan las normas de salud en cuanto a la manipulación de productos tóxicos y las medidas de prevención de riesgos laborales son una utopía. La propia compañía reconoce que es complicado imponer su propia normativa interna porque la mayoría de estos intermediarios subcontratados tienen sus centros de producción en China o Vietnam, países cuya falta de transparencia y régimen dictatorial impide que se lleven a cabo o que se sancionen a los empresarios que incumplen las condiciones que intentan fomentar.
De las tres grandes suministradoras de prendas deportivas, Adidas es quizá la que menos información facilita de sus controles internos. La empresa afirma que el 60 por ciento de sus 1.200 fábricas cumple con sus normas, pero no facilita estas reglas ni tampoco ofrece datos de las auditorías fallidas. Tan solo ha comunicado que 38 de sus socios colaboradores podrían perder sus contratos por bordear el límite de la ilegalidad. Algunas fábricas manejan un registro doble de horas de trabajo: una para la inspección y otra real. El propio software de las compañías habría sido modificado para poder ensmascarar estos datos encriptados. Además, los capataces entrenan a los trabajadores para que respondan conforme a sus intereses bajo amenaza de castigo o despido.

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